Infiltración etílica
Se acaban de cumplir dos años de mi primer microrrelato
El 9 de abril de 2024 escribí mi primer microcuento que no tenía ni título —le acabo de dar uno— con una actividad que hacíamos en el grupo online de escritura al que me apunté con la intención de mejorar. Lo publiqué en Twitter con mil fallos y ni una coma en su sitio correcto. Es muy, muy malo, pero guardo el recuerdo de que fue el primero y dio pie a una carrera por querer mejorar. Los que me conocéis sabéis que mi vida es un intento de mejora continua e iterativa, una lucha contra mí mismo y mis defectos.
Os lo comparto y así me dais cera :-P
Infiltración etílica
¡Mierda! Se le había vuelto a doblar para adentro la oreja izquierda. Ponerse un traje de humano no era tan fácil como se veía en los holofilmes, en el que un rubbiano se ponía frente a un envoltorio de un cuerpo femenino y el traje ocultaba sus protuberancias.
Recordaba la primera vez que estuvo en La Tierra. Era una recién salida de la academia y, tras muchas observaciones, eligió un traje que ponerse para su primera misión. Fue en el sur de Europa, en una zona muy poblada llamada España. Aún, a día de hoy, no sabía qué pudo salir mal. Su avatar era perfecto: gordito, con barba, simpático… ella lo había estudiado durante meses y a todo el mundo le caía bien. Así que cuando fue a observar a los lugareños no pudo entender porque su disfraz de Ibai Llanos, lejos de camuflarla entre los humanos, había causado el efecto contrario. Aún tenía mucho que aprender.
Esta vez su misión era dirigirse a unas famosas bodegas en la zona de Ribera del Duero. El metabolismo de su especie no oxidaba grasas, azúcares o proteínas como el que habían desarrollado los animales de La Tierra. Su fuente de energía era el alcohol. Y ya que oxidas alcohol, ¿Por qué no hacerlo con cierto gusto? El etílico era el más apreciado por su especie. Millones de hectolitros de Jumilla y Valdepeñas alimentaban a la clase baja de su población y, en este momento, llenaban los tanques de su nave. Pero los más apreciados eran los de Ribera del Duero y Rioja. La Unión Europea estaba suponiendo un problema, pues según ellos «desaparecían» millones de botellas, y acusaban a las bodegas de venderlas sin etiquetar.
En su informe había adoptado una propuesta arriesgada: mostrarse a los terrícolas y empezar relaciones comerciales con ellos. Al fin y al cabo, la única razón por la que no les habían arrasado y quedado con el planeta, es que hacían buen vino.



Me gustó mucho tu microcuento.