Mi amigo Asinkecualo ha muerto
No todo son risas en esta vida. He tardado un mes en escribir este post
Sé que esta no es la noticia que quieres leer. Félix era una persona cultísima y con el optimismo suficiente para intentar cambiar las cosas. Arrimó el hombro en su junta de distrito y se presentó a las elecciones europeas. Quien no lo conozca podría hacerse una idea equivocada, pero él solo quiso sumar y aportar a los demás.
Le recuerdo de la facultad de matemáticas. Él estudiaba informática y su carrera estaba disgregada entre varios edificios. Su delegación de alumnos y su asociación de informática —Diskóbolo— estaban en mi facultad. Ahí es donde le conocí.
Intentó explicarme aquello de Pakito Asinkecualo sin yo pillarlo del todo. Él se convirtió en mecenas de Blogdrake, distribución a la que nos arrastró a muchos con mandrake, mandriva y mageia… El caso es que, defensor de los RPMs y mil historias después, no puedo dejar de pensar en él.
Hace unos meses, mis amigos de La Gatera de la Villa me dijeron que no se veía su web. Comprobé que fotoMadrid, la mía, tampoco se veía. Pensé que sería cosa menor y no quise importunarle (estábamos en un servidor dedicado que él tenía). De hecho, acabo de caer que le sigo haciendo una transferencia periódica.
Fue ahí cuando empecé a sospechar. Mi amigo Félix era la persona más cumplidora que te puedes echar a la cara. Y empecé a temer lo peor. Busqué y me topé con un mensaje de blogdrake y todo cambió para mí.
Se había muerto mi amigo y no sabía por qué. No compartíamos amigos en común, y me costó enterarme de qué había pasado. Felix Martos Trenado murió subiendo un descansillo de una escalera. Me lo contó una activista que trabajaba ocasionalmente con él.
Pocos meses antes me contaba lo ilusionado que estaba de salir con una chica mexicana. Debo confesar que la muerte de mi amigo me ha pesado mucho más de lo que confesaría.
Aún me lo imagino con su sonrisa constructiva, aportando su visión positiva del mundo. No me importa haber perdido fotoMadrid.com ni mil dominios que tenía en su servidor.
Felix estuvo en mi boda. Me enriquecía. Lo que le voy a echar de menos, no lo sabe nadie.


Duele el corazón y falta el aliento: esa es la sensación cuando sabes que no volverás a ver a alguien a quien has querido. Lamentablemente, a todos nos toca pasar por algo así en algún momento. ¿Qué se supera? Sí. Con tiempo deja de doler tanto, pero queda una costrita en la herida que nunca llega a curar del todo.
Lo único que los demás podemos decir en estas circunstancias es el consabido "mucho ánimo", que es, por descontado, sincero.
Al igual que tú, Juan Antonio, hacía tiempo que no sabía de él. No compartíamos amigos comunes y tenía algún mensaje mío sin respuesta, lo cual me extrañó, pero pensé que quizá se había ido una temporada a México con su chica y había cambiado a un número local de allí.
Ayer, en una certificación de Omada TP-Link (la última empresa en la que trabajó antes de su aventura como Freelance), conocí la triste noticia a través de un antiguo compañero suyo. Hoy he querido buscar algo de información, con la esperanza de descubrir que todo era una equivocación o una mala información, pero desgraciadamente he acabado llegando hasta aquí.
Qué pena tan grande. No puedo decir que fuéramos amigos íntimos, pero sí le tenía mucho aprecio. Era una de esas personas que, aunque pase el tiempo sin hablar, dejan huella.
Descanse en paz, Félix.